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  Me inspiraron dos cosas a la hora de escribir DOGVILLE. Cuando estuve en Cannes con “Bailar en la oscuridad”, unos periodistas me criticaron por haber hecho una película que transcurría en EE UU sin haber pisado nunca el suelo de ese país. El comentario me irritó. Que yo recuerde, ninguno de los que rodaron “Casablanca” había puesto el pie allí. Me pareció injusto y entonces decidí hacer más películas acerca de EE UU Eso fue lo primero.

Luego, tuve la ocasión de oír “Jenny la pirata”, una canción de la “Ópera de perra gorda”, de Bertolt Brecht. Es una canción muy fuerte y el tema de la venganza me gustó.

Había que encontrar un lugar aislado para rodar la película, los hechos descritos por “Jenny la pirata” transcurren en un pueblo recóndito. Decidí ubicar Dogville en las Montañas Rocosas porque, al no haber ido nunca, me parecen fantásticas. ¿Qué montañas no son “rocosas”? ¿Quizá éstas lo sean mucho más? Parece un nombre sacado de un cuento de hadas. También decidí que la historia tendría lugar durante la crisis del 29, la atmósfera me pareció adecuada.

Me sentía inspirado por las fotos en blanco y negro realizadas por el gobierno americano en la época, pero nunca me vino a la mente hacer una película en blanco y negro. Equivale a colocar un filtro entre uno y el público, una forma de estilización. Cuando se realiza una película que ya tiene algo muy extraño (el hecho de que el pueblo esté dibujado en el suelo), el resto debe ser de lo más normal. Si hay demasiados elementos chocantes, el público se alejará de la película. Es importante no abordar demasiadas cosas a la vez para que la gente no huya. Además, cuando se experimenta, no hay que cambiar más que un elemento cada vez.

Me dijeron que haría pensar en “Our Town” a los estadounidenses. Durante el rodaje, alguien me dejó la obra de teatro de Thornton Wilder, pero no vi ninguna similitud. No quiero decir con eso que no me inspiré en nada. Todo lo contrario. Por ejemplo, en las obras de teatro hechas para televisión en los años 70, sobre todo en “Nicholas Nickelby” de la Shakespeare Company. Un montaje muy estilizado en el que participaba el público, todas esas cosas que se hacían en los 70. Pero todavía hoy aguanta. Coger una obra de teatro y situarla en otro ambiente era algo que se hacía mucho cuando era joven. A veces era muy abstracto. No estoy loco por el teatro, pero me apetece verlo en televisión o en cine.

Hasta cierto punto también me he inspirado en Bertolt Brecht y en su estilo teatral, simple y despojado. Mi teoría es que se olvida muy pronto que no hay casas, lo que permite inventar el pueblo y también concentrarse más en los personajes. No hay casas que distraigan y, al cabo de un rato, el espectador ya no las echa en falta porque sabe que no habrá.

¿Qué puedo contestar si alguien dice que no es cine? Quizá tenga razón. Pero tampoco es el anticine. Cuando empecé, hacía películas muy cinematográficas. Pero ahora, es demasiado fácil. Basta con comprar un ordenador para hacer cine, para que haya batallas en plena montaña, para tener un dragón. Basta con apretar un botón. Kubrick hacía películas cinematográficas cuando esperaba dos meses a que la luz adecuada se reflejara en la espalda de Barry Lindon cabalgando hacia la cámara. Me parecía magnífico. Pero si sólo se espera dos segundos para que un niño con un ordenador pueda solucionarlo... Será otra forma de arte, no lo dudo, pero no me interesa. Ya no veo los ejércitos en la montaña, sino al adolescente detrás del ordenador diciendo: “Ahora lo arreglamos, añadiremos unas sombras y rebajaremos los colores”. Queda muy bien, pero no emociona y me siento manipulado.

Será porque envejezco. Seguro que de joven, las imágenes de síntesis me habrían parecido fantásticas. Pero ahora, con la edad, me he vuelto testarudo y vuelvo a los viejos valores, las viejas virtudes. Basta con ser lo bastante testarudo para que cualquier cosa tenga una estética. Hay un límite en la belleza de las imágenes en una película. Si son demasiado bellas, me dan ganas de vomitar, es como si viera un truco de prestidigitación. Es fascinante ver a un mago trabajar con simples monedas, pero si mueve la Torre Eiffel me deja frío.

DOGVILLE transcurre en EE UU, pero un EE UU visto por mí. No me he cortado pensando qué debería investigar. No se trata de una película científica ni histórica. Es una película de emociones. Sí, se habla de EE UU, pero también puede ser cualquier pueblo del mundo.

Escribí el guión en danés y le pedí al traductor que intentara mantener un poco el idioma danés, que no fuera una traducción perfecta. Supongo que será mi lado kafkiano, me gusta conservar mi visión de extranjero. Me gustaría mucho ver una película sobre Dinamarca hecha por un extranjero, un americano o un japonés, por ejemplo. Esa persona reflejaría lo que Dinamarca representa para alguien que nunca ha ido. En mis películas “americanas” reflejo la información que me llega y los sentimientos que me inspira. Ya sé que no es real porque nunca he ido (aunque sé más acerca de EE UU que los que rodaron Casablanca acerca de Casablanca). También sé que un japonés que hiciera una película sobre Dinamarca no dispondría de la misma información ya que el 90% de los programas de televisión en Dinamarca son producciones norteamericanas. Tendría que investigar y me parece que el resultado sería interesante.

Y también está la crítica. Cuando era joven, nos manifestábamos contra el Banco Mundial y la guerra del Vietnam, tirábamos piedras contra las embajadas. Bueno, contra una embajada, más bien. Ahora ya no tiro piedras, me limito a reírme de ellos.

De niño, aprendí que si se era fuerte, también había que ser justo y bondadoso, pero eso no se ve en EE UU Me gustan los americanos que conozco individualmente, son la imagen de un país que no conozco pero que siento. No creo que los americanos sean peores que los demás, pero tampoco me parecen mejores que los habitantes de los Estados “canallas” a los que se refiere Bush. Creo que la gente es más o menos la misma en todas partes. ¿Qué puedo decir de EE UU? El poder corrompe, es un hecho. Volveré a decirlo, son tan poderosos que puedo permitirme el lujo de tomarles el pelo. ¿Qué puedo hacer a EE UU?

La idea que hay detrás del trato que los habitantes del pueblo infligen a Grace es que es peligroso presentarse ante los demás a modo de regalo. El poder que la gente tiene sobre un individuo corrompe. Hay límites. Los habitantes del pueblo no tenían problemas hasta la llegada de Grace, al igual que EE UU sería un país maravilloso si sólo hubiera millonarios jugando al golf. Sería una sociedad magnífica, pacifista, pero, por lo que he oído, no es el caso. Por desgracia, es un país con muchos perdedores.

Cuando invento un personaje, escojo a alguien que conozco y le coloco en otro contexto. Los habitantes de Dogville son todos daneses, existen. Luego, me cojo a mí mismo y me reparto entre dos o tres personajes que llevan el peso de la historia, en este caso, Grace y Tom. Puedo defender a cualquiera de mis personajes, pero Grace y Tom son los que más me corresponden hasta cierto punto.

¿Significa eso que me veo en Tom? Sí. A menudo la gente empieza teniendo muy buenas intenciones, sobre todo los artistas, pero, con el tiempo, al hacerse cada vez más importantes, su causa pasa a un segundo plano. No es muy agradable ni muy halagüeño, pero es verdad. Se esfuerza mucho, pero la chica nunca es suya. Más aún, es el único que no se acuesta con ella.

Grace no es una heroína, es un ser humano. Tiene buenas intenciones, pero es un ser humano. Quizá dé la impresión de martirizar a las mujeres, pero mis personajes no son sólo mujeres, también son partes de mí mismo. Es muy interesante trabajar con mujeres, me encarnan muy bien. Me describen muy bien y me siento en la misma onda que ellas.

Algunas personas creen que no quiero a las mujeres, pero es totalmente falso. Más bien tengo problemas con los hombres. Pasa lo mismo con los ciervos. El viejo macho de enorme cornamenta tiene a todas las hembras a su alrededor mientras se esfuerza en apartar a los machos jóvenes. Todos intentan mearle encima para marcar el territorio. No sé por qué pero, en mi pequeño círculo, todos tienen derecho a mearme encima. Las mujeres no son así. Pero si uno consigue superarlo, la relación con los hombres es fantástica.

Nicole dijo que quería trabajar conmigo y escribí el papel de Grace para ella o, más bien, biografía para la imagen que tenía de ella. Descubrí que era una actriz muy buena. Es interesante escoger a alguien que ha interpretado personajes más bien fríos y dejar que haga otra cosa. También me intrigaba colocar a una estrella de Hollywood en una película como ésta. Quizá atraiga a un público que no vendría normalmente. Eso sí, siempre y cuando no les asuste saber que sólo hay actores en un suelo negro.

Trabajo mejor con actores que confían en mí, pero no es fácil conseguirlo. Quizá porque no tengo confianza en mí mismo, ¿quién sabe? Nicole confió en mí desde el primer momento, me pareció genial. Paul Bettany también, pero es un hombre y me fue más difícil. Es muy buen actor. Me tienta volver a trabajar con actores que ya conozco, pero también es divertido trabajar con gente nueva.

Siempre tuve ganas de trabajar con Ben Gazzara. La directora de reparto sugirió a Lauren Bacall y la escogí por su talento, no por quién es. James Caan es un actor formidable. Se le asocia fácilmente a un mafioso desde su papel en “El Padrino”, pero es ante todo un gran actor.

DOGVILLE es una película. Me satisface la forma, el contenido y los actores. Ya sé que no es muy “enrollado”, pero me enorgullezco de no ser tan viejo mentalmente como me siento físicamente.